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La historia de Manuel, que nos muestra que el cambio de perspectiva siempre ayuda

Topoguía — Relato

 

por Silvia Estrems

Manuel me pidió ayuda — no lo conocía pero me lo presentó un amigo.

Cuando nos encontramos por primera vez después de unas semanas (meses) de la toma de contacto por email, percibo a una persona con mucha empatía (me pregunta por una situación personal mía que había intuido unos meses antes) y veo que tiene la muñeca izquierda enyesada.

Me cuenta su historia y sus dudas. Básicamente, duda entre ponerse a trabajar por su cuenta y buscar un nuevo trabajo por cuenta ajena. Sus amigos le empujan a ponerse a trabajar por su cuenta.

Le obligo — con mucha insistencia porque no se deja convencer fácilmente — a cambiar de perspectiva.

Con mi varita mágica, nos adelantamos 10 años y le pido que me cuente de nuevo su historia. Escucho una historia fluida, donde las dudas ya no influyen. Me cuenta lo que hace para la empresa donde trabaja, todo lo que ha aprendido para llegar a este cargo de responsabilidad y por qué está feliz.

Haciendo el ejercicio, Manuel se da cuenta de varias cosas:

  • Ponerse a trabajar por su cuenta no significa más libertad que trabajar por cuenta ajena — puede, pero depende de cómo se toma su nuevo trabajo, de cómo lo organiza con autonomía.
  • Repetir la historia familiar — su padre se puso a trabajar por su cuenta pasados los 50 — no es ni una obligación ni una fatalidad.
  • Siempre podrá ponerse a trabajar por su cuenta cuando tenga más experiencia.
  • Su confusión lo ha empujado a caer y romperse la muñeca en unas circunstancias que hubieran podido tener peores consecuencias.

Podría incluso haber visto algún aspecto más que he observado (siempre es mas fácil entender desde fuera), pero Manuel, al acabar nuestro encuentro, me pide tiempo para digerir todo lo descubierto. Solo el cambio de perspectiva que he provocado le ha dado un montón de información.

Cambiar de perspectiva es imprescindible en muchos casos. Se puede cambiar de perspectiva de diversas formas:

  • El cambio temporal permite mirar atrás y ver cómo se han solventado situaciones complejas, como Manuel ha podido experimentar.
  • Ponerse en la piel de los clientes, de nuestros clientes, permite descubrir los retos que tienen nuestros clientes por delante — por ejemplo, si sabemos que al viajero de corto recorrido le gustaría tener un sitio para poner sus patines, entonces podemos ofrecer a nuestro cliente, una empresa de transporte, autocares que lo permitan. Otro ejemplo, si sabemos que lo que preocupa al comprador de pizza a domicilio es cuándo va llegar su pizza, no vamos a ofrecer a nuestro cliente consultoría para aumentar la calidad o los costes, sino una consultoría para optimizar los tiempos de entrega.
  • El cambio de silla es una práctica de coaching. Cambiar de posición para tomar la silla del coach permite expresar fácilmente lo que el coach diría. Este ejercicio se puede aplicar para preparar cualquier encuentro poniéndonos en la silla de nuestro interlocutor (simulada, si no se puede acceder a la silla) y anticipar objeciones o comentarios que podrían surgir.
  • El cambio de altitud. Me acuerdo que, cuando vivía en Paris, subía a la torre Eiffel para despejar mis preocupaciones, relativizarlas y luego encontrar soluciones más factiblemente.

¿Quién tiene historias de cambio de perspectiva que contar?

Os animo a practicar el ritual de mirar cualquier situación con otros ojos.

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