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La soledad — Un estado necesario para el crecimiento de nuestro negocio

Topoguía — Ritual

 

por Silvia Estrems

¿Qué significa la soledad en el mundo profesional?

Parece evidente que la soledad sea una característica de los profesionales que trabajan por cuenta propia. A menudo, están solos en los momentos de la venta, de la producción, de la gestión e incluso a la hora de innovar. Pero no son los únicos que pueden sufrir la soledad. Hemos oído que existe la soledad del dirigente; es la que vive un dirigente que debe gestionar solo sus interrogaciones, dudas, sentimientos o decisiones. También existe la soledad de un socio en un negocio. A menudo, los socios de una empresa o negocio viven lo mismo que un dirigente. El hecho de tener uno o varios socios no siempre los libra de esta situación.

El punto común que veo en las diferentes vivencias de la soledad es el sufrimiento más o menos fuerte que siente cada persona por no saber con quién compartir situaciones, preocupaciones, tomas de decisiones o sencillamente sensaciones y emociones, todas estas cosas pequeñas y grandes que crean una relación cuando somos parte de un equipo.

El sufrimiento de una persona puede llegar a ser incómodo para la familia o los amigos porque, sin saber con quién compartir en el ámbito profesional, los que suelen recibir la información son ellos. A veces no saben cómo ayudar o es difícil para ellos entender todo el contexto. No les es fácil.

La soledad es un sufrimiento (o un estrés) normal.

Es normal cuando estamos acostumbrados a estar en una empresa con todo lo que conlleva y empezamos a trabajar por cuenta propia.

Es normal cuando ascendemos a un cargo de dirigente después de tener una responsabilidad dentro de un equipo o departamento.

Es normal buscar socios de perfiles complementarios al nuestro. Sin embargo, la complementariedad puede producir disparidad de puntos de vista y acciones. La disparidad suele generar incomprensión y favorece la emergencia del sentimiento de soledad.

Puede que los socios contribuyan al proyecto de forma distinta dedicando más or menos tiempo al proyecto común o desarrollando tareas distintas para él. Que contribuyan de formas distintas puede transmitir una sensación de desequilibrio y favorecer la incomprensión.

Estoy convencida de que la soledad es buena. Nos permite encontrar en nosotros-mismos la fuerza para llevar a cabo grandes acciones para nuestro negocio o el de nuestra organización e, incluso en ciertos casos, también grandes acciones para el mundo.

¿Cómo?

Mi recomendación es adoptar la soledad como un ritual positivo. La soledad está en las situaciones que he mencionado y, por lo tanto, más vale aceptarla y ver qué se puede hacer con ella.

Recomiendo no dejarse hundir por la soledad estableciendo condiciones materiales para salir de ella. Compartir espacio de trabajo, crear un plan para establecer relaciones profesionales de calidad, buscar un mentor o un coach con quien compartir, encontrar grupos de pares a los que contribuir son las formas que se pueden potenciar. Permiten no sentirse solo, encontrar apoyo regular, inspiración y perspectivas distintas puntualmente o con frecuencia.

 

Además, recomiendo aceptar la soledad como algo que nos permite aprender sobre nosotros mismos. Cuando estamos solos, podemos reflexionar y desarrollar la intuición, hacernos conscientes de lo que nos frena, averiguar los motivos de nuestra resistencia a formas de ver o hacer distintas… Los frenos y las resistencias son dimensiones reactivas que tienen más peso cuando estamos solos. El profesional puede llegar a pensar que está solo para desarrollar todas las tareas de su negocio por cuenta propia; el director puede pensar que está solo para impulsar la transformación de su organización; el socio puede pensar que está solo para enfrentarse al crecimiento de la empresa común. No es cierto. Si tomamos la soledad como una oportunidad de reflexionar sobre nosotros mismos, podemos descubrir y abrirnos a espacios de conocimientos, de formas de practicar e incluso de relaciones con personas distintas. Es lo que nos obliga a salir de nuestra zona de confort, a incorporar otras perspectivas, a aprender de ellas y, por lo tanto, a crecer.

 

Por último, recomiendo potenciar las ventajas de la soledad. Usar la tranquilidad que facilita trabajar solo para pensar en nuevas oportunidades, para dejar al cerebro hacer conexiones sistémicas y para atreverse a ponerlas en práctica. Esta última recomendación consiste en potenciar lo que solemos experimentar por las mañanas o cuando meditamos, cuando se nos ocurren ideas, oportunidades y soluciones. Es el pensamiento creativo que gana potencia cuando estamos solos.

La soledad permite tener tiempo para reflexionar, para dejar espacio al pensamiento lateral (thinking outside the box), para estar abierto a encuentros diferentes, para explorar, para descubrir y para correr riesgos.

Estas ventajas solo se suelen ver cuando el estrés inicial de estar solo está superado.

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